One One, París y melocotones.

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Desde luego, hay lugares donde uno es capaz de evadirse y ser, aunque sea por un periodo corto de tiempo, completamente feliz. Lugares que consiguen generar un clima especial, mágico. En distintos idiomas existen palabras para definir esa sensación de acogimiento, bienestar y felicidad. Los daneses utilizan el término hygge, no es fácil de describir… pero todos lo hemos sentido alguna vez. Hace frio, fuera llueve, y tú, con la conciencia bien tranquila sobre ti mismo, disfrutas de una taza de café caliente. Ese momento, está lleno de hygge. En Alemania en cambio, optan por la palabra gemütlichkeit para describir ese estado de comodidad reconfortante que uno siente en una reunión entre amigos, tomando el sol, o simplemente a solas con un buen libro. Incluso en Austria existen determinados locales, que no son ni bares, ni restaurantes, ni tabernas, donde se busca maximizar la sensación de gemütlichkeit. Estos son los Heurigen, establecimientos con unas determinadas condiciones legales (diferentes de bares y restaurantes) donde es típico servir el vino de cosecha propia, y donde se intenta potenciar esa sensación acogedora mediante el mobiliario, la música o cualquier elemento que construya ese ambiente.

En Alicante, se esconde un rincón de París que rebosa hygge por los cuatro costados, y por las tres calles a las que da. Un barco pirata comandado por un capitán, Bartolomé Ramírez Martínez, donde obviamente, sus clientes, los marineros, no mandan.

En su bajel, manda él.

No busques ni pidas una carta… ni de vinos, ni de comida. El día que lo visites, vas a dudar entre los diferentes platos que te va a ofrecer, y en menos que canta el gallo de latón que preside la sala, vas a comer y a beber lo que Bartolo te diga. Y créeme que lo harás bien.

La historia de Bartolo, es digna de contar. Nace en Abanilla, pero crece y se forma en Francia.  Cuando se entra al One One, uno tiene la absoluta sensación de estar entrando en algún restaurante perdido del París más bohemio. Bartolo lo mamó, y después de formarse en la escuela  de hostelería de Béziers (sudeste francés), se traslada a París en 1973. Allí, con una maleta detrás, y una corbata delante, se instala en una buhardila de la calle Jules Janin en busca de cumplir el sueño parisino. Después de trabajar en varios restaurantes de alto copete, Bartolo decide parar, y en 1978 emprende el viaje de su vida. Completamente solo, recorre más de 10 países hasta el círculo polar. Tras esta suerte de viaje introspectivo y vital, vuelve a París en 1979 donde logra ser director del restaurante Brasserie de l’Alme, lugar frecuentado por personajes como  Pierre Cardin, Gérard Depardieu o François Truffaut.

Bartolo sirviendo champagne a Sylvie Vartan. París, años 70.

Después de vivir por unos intensos años la vorágine parisina, Bartolo decide volver a España, y en 1985, abre uno de los lugares más maravillosos donde comer en Alicante.

En el One One todo es estrafalario… hasta el nombre. Y es que One One, no significa ‘uno-uno’. El bisabuelo de Bartolomé, un extravagante comerciante de artículos de diversa índole, tenía como leitmotiv anunciar sus ofertas de la siguiente manera:

¡One One! ¡Cincuenta mil millones de pantalones!

¡Ina Ina! ¡Cuarenta y cuatro barcos de harina!

¡Ina Ina! ¡Tengo una hija que se llama Catalina!

Las paredes no dejan hueco alguno. Todo está abarrotado de elementos e imágenes publicitarias del París de principios de siglo pasado, y del Alicante del ya desaparecido Ruiz Morante.

 

 

 

Calle del barrio de Sta Cruz (Alicante).

Cuadro de Ruiz Morante dedicado al One One. 1993.

Luis García Berlanga, Mario Vargas Llosa, y hasta el embajador noruego, han hecho de marineros en este caótico pero bendito barco pirata donde se fusiona de manera impecable el estilo francés con toques alicantinos. Alcachofas con foie y jamón, una brandada de bacalao que te menea Bartolo como nadie,  una parmentiere de escándalo, dicho por muchos, el mejor steak tartar de Alicante, su maestría al trabajar el pato, en confit o en magret. Bartolo ya ha corrido mucho… ve antes de que se te haga tarde. Y llámalo un par de días antes, por lo menos…

Alcachofas con foie y jamón

Alcachofas con foie y jamón

Parmentier

Confit de pato

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Comments
  • Carmen
    Responder

    El recorrido emocional-gastronomico es insuperable, tengo que volver y recrearme en las apreciaciones.
    Gracias Miguel,por ahondar en esos detalles, en.ocasiones imperceptibles.
    Carmen

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